Los artistas cerámicos que están redefiniendo la arcilla en 2025
La cerámica lleva milenios acompañándonos. y aún así, sigue sorprendiéndonos. En plena era digital, la arcilla continúa siendo ese material testarudo que exige presencia, técnica y paciencia. No perdona, pero recompensa. Y quizás por eso 2025 está siendo un año tan interesante para quienes trabajamos el barro: hay una nueva generación de artistas empujando el material hacia territorios inesperados.
Si te dedicas a la cerámica -o simplemente te fascina ver hasta dónde puede llegar este oficio-, aquí tienes una selección de artistas internacionales que este año están marcando el ritmo, cada cual desde su universo particular.
En IWAMURA – Shigaraki en clave contemporánea
En Iwamura juega a una cosa muy seria: hacer que la cerámica vuelva a parecer un descubrimiento. Sus figuras, casi personajes, tienen algo de garabato animado y algo de artefacto arqueológico. Volúmenes simples, superficies táctiles y un color que parece flotar sobre la forma.
Aunque trabaja en Shigaraki -zona histórica de la cerámica japonesa-, sus piezas no son tradicionales ni pretenden serlo. Sin embargo, nacen de mismo principio básico: técnicas simples, herramientas mínimas y mucha observación.
En su línea más reciente, explora retratos cerámicos construidos como enormes rompecabezas de azulejos: planos, modulares y con un punto juguetón que rompe con lo esperado.
Kaori KURIHARA – Frutas que nunca existieron (pero deberían).
La obra de Kaori Kurihara es un viaje al mundo vegetal… pero a otro mundo vegetal. Esculpe a mano frutos imposibles, saturados de textura, volúmenes repetitivos y patrones casi matemáticos. Son objetos que recuerdan a algo real, aunque claramente no lo sean.
Hoyuelos, crestas, membranas… su trabajo es un despliegue de superficies mega detalladas que seducen y desconciertan al mismo tiempo.
Su intención es sencilla: materializar las frutas que imagina para poder verlas, tocarlas y confrontar esa delgada línea entre lo orgánico y lo onírico.
Le Lu – Cerámica como archivo emocional.
Lena -Le Lu para quienes la seguimos en redes-convierte la cerámica en memoria visual. Sus jarrones y platos lustrados mezclan motivos de tatuaje con escenas y símbolos de su infancia en países postsoviéticos. El resultado es bello e inquietante a la vez: piezas que hablan sin palabras.
Uno de los trabajos más comentados de este año es su Trash Bag, un jarrón que imita el brillo del plástico de una bolsa de basura. Funciona como objeto saturado de ironía, pero también como recordatorio de que la belleza puede encontrarse en cualquier sitio… incluso donde no debería.
Sarah RITCHIE – Arqueología, animales y arcilla.
Desde Alberta, Canadá, Sarah Ritchie combina su formación en arqueología con una sensibilidad absoluta por las criaturas pequeñas y olvidadas: larvas, serpientes, polillas, libélulas… Su cerámica ilustrada no se queda en el plano sino que incorpora relieves, incisiones y texturas talladas que elevan cada pieza.
La colección Fossil, presentada este año, reinterpreta esqueletos de dinosaurios en arcillas oscuras y terrosas, logrando una estética que mezcla registro arqueológico y artesanía contemporánea.
Un aviso: ¡sus colecciones se agotan en cuestión de horas! Si te interesa sucribirse a su newsleetter es casi obligatorio
Shae BISHOP – Cuando la ropa se convierte en cerámica.
Desde Shae Bishop lleva más de una década cosiendo cerámica. Literalmente. Sus piezas están formadas por azulejos hechos uno a uno, unidos como si fueran patchwork para construir prendas como chalecos, pañuelos, sombreros…
Su estética bebe del imaginario cowboy y de cómo la moda define identidades, género y pertenencia. Convertir prendas asociadas a «dureza» en estructuras cerámicas frágiles es parte del juego conceptual.
Actualmente su trabajo forma parte de la exposición State Fairs: Growing American Craft, en la Renwick Gallery del Smithsonian, abierta hasta septiembre de 2026 (por si os pilla de paso).
Ebony RUSELL – La arcilla como pastel (y no es una metáfora).
Si alguien demuestra que la arcilla puede ser excesiva, decorativa y abiertamente indulgente, es Ebony Rusell. Inspirada en la repostería clásica, trabaja la arcilla con mangas pasteleras, generando volúmenes casi comestibles: capas, rizos, ondas, acumulación. ¡Mucha acumulación!
Su obra cuestiona el desprestigio histórico de las estéticas consideradas «femeninas» y reivindica la ornamentación como lenguaje propio. En sus manos, la cerámica deja de ser sobria y se vuelve pura exuberancia.
Maryam YOUSIF – Mitología mesopotámica reimaginada.
Nacida en Irak y afincada en San Francisco, Maryam Yousif recupera símbolos mesopotámicos para darles un giro contemporáneo. Su serie Habibti reinventa las clásicas figuras votivas sumerias: mujeres de mirada frontal, vestidos largos y poses tranquilas, pero reinterpretadas con flores, volantes y patrones que conectan con el pasado y presente.
Es un trabajo profundamente identitario, pero también técnico: formas sólidas, presencia escultórica y un imaginario que mezcla arqueología, memoria y estética actual.
Moran TRABELSI – Movimiento dentro de una forma estática.
Las esculturas de Moran Trabelsi parecen moverse incluso cuando no lo hacen. Están inspiradas en conchas, criaturas submarinas y patrones marinos. Trabaja con gres utilizando técnicas de pellizco, churro y planchas, esculpiendo volúmenes fluidos que luego estratifica y talla para crear esos pliegues característicos que recuerdan al interior de una caracola.
Son piezas tranquilas y dinámicas al mismo tiempo, que capturan la lógica natural del agua y la traducen a un objeto sólido.
La cerámica en 2025 está viva y avanzando.
Si algo demuestra esta selección es que la cerámica sigue siendo un método fértil, potente y tan versátil como quien lo trabaja. Desde vestidos de azulejos hasta frutas imposibles, pasando por la arqueología, tatuaje o fantasía marina, ¡el barro está más presente -y más reinventado- que nunca!